Cuando los hombres sufren ataques con ácido.

Un delito está quemando a la sociedad colombiana y calcinando en vida a los que en ella habitan. Un acto mal juzgado donde las condenas no están siendo cumplidas y el pago de esta pena se queda corto ante el tiempo que tardan las víctimas en cicatrizar sus heridas. Criminales que no están llegando a los estrados judiciales mientras las clínicas y centros de salud que se llenan de personas afectadas por tan lacerante hecho. Los vándalos continúan libres en las calles cuando los quemados con ácido yacen en una camilla y muchos de ellos se esconden por miedo a ser vistos. Víctimas que no solo llevan el nombre de ellas, sino el de ellos, sus victimarios. Este es el panorama de un delito, entre tantos, que arde en Colombia.

La quema con ácido en Colombia no solo afecta a las mujeres. Es un mal que anda al acecho que se alimenta de no solo la piel de las mujeres, también de los hombres. Cuando únicamente se conocen reportajes, cubrimientos y documentales masivos de mujeres víctimas por este tipo de maltrato a la integridad humana. En donde, en la mayoría de casos, los agresores culpabilizados eran hombres, principales sospechosos de tan crueles e infamantes hechos, y en donde es presentado este accionar como otra vil forma de maltrato al género femenino.

Es un país donde los medios no han mostrado y documentado para que los colombianos visibilicen y reflexionen sobre el hecho de que los hombres también son atacados con ácido. Sin embargo, como lo refleja este registro oficial, el año pasado se trataron en Bogotá 36 ataques con químicos, de los cuales 24 (66,66 %) fueron contra mujeres y 12 (33,33 %) contra hombres. Esta cifra nos sirve de comparación para observar tan preocupante y creciente evento que está afectando silenciosamente a la población masculina y se ha popularizado este último año.

Según el anterior registro, las principales razones por la que hombres están presentando quemaduras con ácido han sido por venganza e intolerancia en riñas callejeras, peleas pasionales o territoriales, también en robos y atracos. Del mismo modo, en el caso de mujeres y hombres se viene dando la contratación de un tercero para la ejecución de estos ataques, que les han producido graves detrimentos y alteraciones en su integridad física como: daños y afectaciones en brazos, el rostro y otros miembros.

Las escenas protagonizadas por mujeres atacadas con acido lograron encender las alarmas de este abrasador hecho, que han transformando a Colombia en un infierno, debido a los múltiples casos y denuncias por este tipo de maltrato. Que se reflejan en las altas cifras, que otorgan el penoso titulo de ser el “líder mundial en ataques con ácido”. Reconocimiento en el que desde ya cabe tener cuenta a los hombres, ya que aportamos una progresiva y calentada cuota.

La ley 1639 de 2013, fortaleció las medidas de protección a la integridad de víctimas de crímenes con acido que se adicionó en el artículo 113 de la ley 599 de 2000 en el que un delincuente puede llegar a pagar entre año y medio y diez años de cárcel según la gravedad de las heridas. A pesar, de  haber sido proclamada, no ha podido mitigar y evitar que se presentaran nuevos casos. Por consiguiente, esta ley no ha obtenido los resultados esperados ni por parte de la justicia y mucho menos por las víctimas, porque el número de víctimas sigue creciendo, tanto así, que esta dolorosa realidad la padecen ambos géneros. Por esta razón, Lisa Gómez, directora de Eliminación de Violencias contra Mujeres de la Secretaría de la Mujer de la ciudad de Bogotá, precisó que “aunque esta ley aumentó la pena para este delito, hasta la fecha no se han judicializado personas. También, otra problemática agravante a estas situaciones es la de los medicamentos son costosos para el completo tratamiento y la mayoría de las personas que los necesitan no pueden acceder a estos para su tratamiento”. En donde, queda en evidencia el poco control y tratamiento que se está llevando ante este tipo de casos en Colombia, dado que estos casos están quedando en la impunidad y los delincuentes absueltos de toda responsabilidad con sus víctimas.

Hoy, como hombre, expreso el temor que junto a las mujeres me da el transitar por las calles, en donde deambulan libremente los agresores irreconocidos que vilmente han atacado a varios colombianos. Calles en las que diariamente se comercializa y vende este acido, como si fuera un atuendo, que viste las pieles colombianas. Que paso de ser una moda para ellas para convertirse en unisex, pero que hoy en día, se ve más sensual y ardiente en las pieles de mujeres. Las cuales se pelean los medios de comunicación por su total cubrimiento y contar su caliente historia. En la que los hombres  no somos socialmente vistos como ardientes y famélicos modelos, que sean dignos de mostrar ante la luz pública. Debido a nuestra infamante fama somos reconocidos como diseñadores incendiarios de tan escandalizantes  pieles que lleva como marca registrada maltrato de género. Por lo tanto, es normal que se piense e idealice, que por ser hombres no podemos ser victimas porque a ciencia  cierta el  único culpable que solo hoy se conoce, es llamado por nombre masculino, Acido.

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Noviembre 11, 2015

Por: Andrés Sinning.  Estudiante de Trabajo Social.

Publicado en: Las 2 Orillas.

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